Se acaricia su rosto mientras contempla su reflejo. A trevés de sus ojos Claudia puede ver risas que simplemente no tienten un por que, abrazos calidos que representan un rencuentro, conversaciones sin rumbo y sin un quizas. Unos ojos que te miran fijamente y te sumerjes en su infinidad de posibilidades comtemplando el horizonte. Un horizonte que aun no se sabe donde culmina.

Horizonte contemplado por Claudia esa tarde de octubre. Esa tarde de una y mil más que aguardan y que guardan aquellos recuerdos que procrean el presente. Un presente ciertamente incierto hasta qu no nazca la nueva generación conocida como futuro. Tal vez y solo tal vez en ese futuro pueda  enteder lo que me trae el Presente.